Con que se distrajo un segundo y ahí lo tienen, todos de frente, nadie se distrae si no es para ver quién llega por atrás para poder mirar a ese hombre tirado en el suelo, cada quien a la altura de sus propios ojos.
Todos los ojos es un ojo que mira desde distintos ángulos; todos los que le rodean son exactamente iguales para el hombre que haciendo un esfuerzo se inclina sobre sus rodillas conteniendo el aliento y apoya la mano izquierda sobre su rodilla y la otra se sacude en el aire como limpiándola de grava.
Un ojo (que es el mismo que a su vez le observa) se inclina a un lado del sombrero gris que había rodado a un metro del hombre que difícilmente se incorpora. Lo toma y le da unas palmadas para limpiarlo; el hombre ya de pie tose como para limpiarse el dolor y la vergüenza y busca su sombrero.
Una mano lleva algo buscando la suya mientras otras señalan indicativas la mano que se le tiende y mira esa mano que son las demás manos que levantan un sombrero que había y que le entregan como fraternal auxilio.
El hombre toma el sombrero, hace un gesto mientras se lo coloca, vuelve a toser (ahora más como un reflejo) y sigue caminando sin distraerse un solo segundo.
J.S.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Deseo ser un indio
Si pudiera ser un indio, ahora mismo, y sobre un caballo a todo galope, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el suelo oscilante, hasta dejar las espuelas, pues no tenía espuelas, hasta tirar las riendas, pues no tenía riendas, y sólo viendo ante mí un paisaje como una pradera segada, y sin el cuello y sin la cabeza del caballo.
F. Kafka
Reconociéndolo en los ojos de mi hermano
F. Kafka
Reconociéndolo en los ojos de mi hermano
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