
Advertencia: Si no ha visto la película no lea el siguiente texto porque cuento el final.
imagen tomada de ultima-hora.com.mx
Por fin vi el thriller registral (o documental a la manera de Michael Moore) que tantas hojas ha llenado en las últimas semanas: Presunto Culpable. Antes que nada referir dos cosas: se habló tanto de esta peli que no me sorprendió y segunda, aunque no hubiera leído nada al respecto creo que no me hubiera sorprendido. Por otro lado debo señalar que la vi al estilo gringo en México: con subtítulos en un idioma que no es el mío, estorbosas sombras amarillas mal traducidas al inglés y que distraen al momento de aparecer letreros que el director quiso enfatizar.
En ambos casos digo que no me sorprendió porque parece una fotografía de la burocracia mexicana; y cualquiera que haya tenido que realizar algún trámite en oficinas de gobierno, puede constatar que de eso se trata la burocracia en este país: personas insensibles, ineficientes, cansados, amargados, apáticos, sarcásticos por su apatía ineficiencia e insensibilidad y, sobre todo, pésimos actores.
Al terminar de verla hubo, como en muchos, un sentimiento contradictorio de júbilo por la liberación del reo encarcelado injustamente y el sentimiento de impotencia ante el desamparo de la justicia mexicana, pero vayamos por partes:
El documental tiene una buena edición, una buena historia (ya representada en muchísimas ocasiones por el cine de Hollywood, sólo que en la mayoría, aunque pueda tratarse de hechos reales, nos tranquiliza el saber que son actores caracterizando esa devastadora situación); y tiene ese toque de realismo que sólo da el saber que el muchacho, con el que en seguida nos identificamos la mayoría de mortales pululantes de este hemisferio, que es una víctima del sistema. Antonio, Toño, el Largo, el protagonista, hace raps y baila en la cárcel; es decir es humano. La abogada es fea, es chilanga y es sensible; es decir es humano. Sucede algo similar con el abogado defensor y el fresón que produce la peli. Sin embargo nunca se le da el uso de la voz al Sr. Juez, quien es feo, bizco, torpe y chilango, por lo que perfectamente podría ser el diablo. Y la MP, quien sólo se limita a decir simplonamente: es mi chamba, parece más un demonio que está a las órdenes de Lucífer y tiene a su séquito de demonios menores: los judas. Lo peor y más desgarrador es esa figura del Judas: un muchacho igual de vulnerable que Toño y que cualquier espectador mortal, que hace las veces de vender al héroe por unas monedas de plata o por protección a su banda. Lo anterior hace que además de la historia y la edición, cuenta con estereotipos muy bien definidos y angulados por una lente subjetiva y un micrófono que sólo escucha lo que quiere escuchar.
En cuanto a los elementos formales del proceso podemos destacar los siguientes:
1. Toño contó con una defensa inoperante. Un pseudo abogado litigó con cédula falsa, lo que debería derivar en una indagatoria que llevara a la cárcel a ese truan que dejó con 20 años de cárcel a un presunto inocente. Y, a pesar de esos años que estuvo El Largo en la cárcel, dicha deficiencia fue subsanada al declararse la insubsistencia del juicio, lo que deriva en un nuevo juicio.
2. Antonio cuenta con coartada: testigos que le vieron en otro lugar al momento de perpetrarse el homicidio; testigos.
3. Iscariote, es un testigo presuntamente fabricado, pero ni él se acuerda. Lo cierto es que él afirma no haber visto al asesino de su primo, asunto que en el primer juicio desestimó el juez a la hora de hacer su juicio; también lo desestima al momento de hacerlo en el segundo.
4. Un equipo de policías judiciales o ministeriales, que con su desacreditada honestidad, sólo hacen de sparring al momento de enfrentarse con el abogado defensor: la cámara. ¿Caen en contradicciones? No. Por el simple hecho de que “no se acuerdan”. Y quién se podría acordar de un asunto, cuando, según dicen en el propio documental, tienen que cumplir con una cuota de detenidos y consignados.
5. Una Ministerio Público con la gracia de un hipopótamo y con frases llenas de vacío y una sonrisa dolorosa por evidenciada.
6. Un juez que utiliza una toga al estilo del siglo XIX que se limita a sonreír, refutar preguntas que considera inadecuadas y a calmar los ánimos de un abogado envalentonado por la cámara y por una causa justa: liberar a su cliente (quien dicho sea de paso no le pagará un quinto más que lo que le dé la fama ganada por el auditorio que haya visto la peli).
7. Un par de chavos idealistas y tenaces que lograron ingresar una cámara; y
8. Una familia humilde reverenciando al Quetzalcoatl que les dará justicai al estilo lopezobradorista.
La película se desarrolla llena de matices en iluminación, música, volumen, etc. Hasta el momento de máxima tensión: la sentencia en primera instancia.
¿Quién, en su sano juicio, podría modificar su sentencia después de haberla declarado con los mismos elementos de pruebas? Las únicas modificaciones formales que hubieron en el segundo juicio son las presunciones humanas que hace el abogado defensor; sin embrago los polis ratifican su declaración ya que ninguno se acuerda. El Judas, con menos experiencia, hace lo suyo resbalándose a cada pregunta. Sin embargo el abogado titulado defensor no ofrece ninguna prueba material suficiente para cambiar radicalmente lo que ya constaba en el juicio anterior. Lo que confirma lo que los datos puestos en la película aseguran: los juicios se basan más en testimoniales que en hechos materiales. La prueba de pólvora en ningún caso puede ser determinante.
Acuden, después del fallo desfavorable, a segunda instancia y la ganan con el único argumento esgrimido por un magistrado del colegiado: la duda razonable (no es propiamente un elemento material).
Lo anterior me hace concluir dos cosas:
1. Lo que me enseñaron en la universidad de leyes: la teoría es una cosa, pero en la práctica te encontrarás con jueces incompetentes e ineptos, MP’s que cumplen con su chamba y polis que cumplen con su cuota. Es decir que en la práctica es otra cosa.
2. El sistema funciona, porque por el hecho de la falsa cédula (dicho sea de paso el Notario Público certificó la veracidad de la cédula del abogado de oficio y creo que casi ningún juez se preocuparía por asegurarse de algo que asegura alguien que cuenta con fe pública), hizo que se rehiciera el juicio, primer punto a favor del sistema; y, cuando el juez dicta sentencia injusta e inoperante, hay un órgano colegiado que dicta la inmediata liberación: el sistema funciona.
Recordé la película de la vida de David Gale (también basada en hechos reales), quien no la haya visto es una buena recomendación, en la que David Gale, el héroe, se deja matar por la pena capital sólo para demostrar que el sistema judicial americano es “falible”, y no vale la pena mantenerlo aunque sea por la vida de un inocente; sin embargo en Presunto Culpable se demuestra lo contrario: el sistema funciona y deja libre a todo aquel que eníe una carta a un grupo de abogados jóvenes con maestrías en el extranjero, con una cámara y con ganas de demostrar lo jodido que está la procuración de justicia en el país.
Si a eso le sumamos que en la práctica nos vamos a encontrar con personas que son una caricatura triste de la sociedad mexicana, pues tenemos un éxito en taquilla.




