martes, 11 de diciembre de 2007

Apocalypsis ¿now?

Llegó más temprano que lo acostumbrado... lo que nos acostumbramos todos a que acostubrara... llegó, como a las ocho cuarenta de la mañana, cuando apenas el murmullo sobresale a la plática amorosa y prácticos consejos que anuncia la radio al fondo de la oficina, estampando sus cálidas ideas contra las frías baldozas y el metálico de los archiveros. Pasó saludando con una sonrisa tan común como profunda, interna, plastificada, perfecta apertura de labios, ojos exhaltados por el normalismo, apretón de manos, sonrisa casi cuadrada, estirón de brazo, y la Señora Rosa había llegado más temprano de lo acostumbrado.

No sé por qué, de pronto en la burocracia se mantienen tantas situaciones rituales, como la de saludar empezando por los de su área y terminando con pláticas domésticas con las otras secretarias.

Yo, por ejemplo, siempre entro y girando hacia mi derecha, digo buenos días... luego camino recto, asomo mi cabeza a la oficina de A. y digo buen día, giro 160 grados ingreso al área L. y doy la mano a los abogados que hacen chistes y me dicen que a ver cuándo me voy a su área "ya sabes, mi lic... el ambiente", etc. Sigo hacia adelante (hacia mi privadita de cuatro paredes falsas de medio metro, y cristales que permiten que las demás personas que irán llegando puedan saludarme desde sus lugares... privao, privao). El ritus continua. Sonrisa a las secretarias del patrón, me prestas pluma, firmo el libro, entrego pluma, dejo mi termo con café (qué lic, no te gusta el que preparamos aquí? -es que ellos no saben de ese otro rito, que es más de madrugada, más antiguo... que inicia con un baño y termina con un termo lleno y el café restante en la taza que dejaré en el comedor).

Así son los ritos de la oficina. Monótonos, todos y cada uno de ellos, con alguna clase de sentido, todos con alguna justificación superficial o profunda, depende de quién se trata ese a quien saludas!

La Señora Rosa había llegado temprano, así que su ritus se vio afectado (afectando a otros) y pues tuvo que varar en su escritorio mucho antes de lo que hubiera deseado. No sabía qué decir. El licenciado Ernesto estaba muy concentrado en una suma aritmética de tiempos y términos (sumar los dedos y restar los días inhábiles). La señora no lograba olvidar alguna plática ritual (de las que habla Ibargüengoitia) de un día anterior por la tarde, cuando seguramente su esposo no llegaba aún del trabajo, su amiga Eleonor y su esposo Don Joaquín platicaban de la podredumbre social... La Señora Rosa no había podido olvidarlo, el ritus se había consumido muy rápido, el licencidado estirando y encogiendo dedos... se atrevió a decirlo, con el radio que hablaba de amor y de consejos, yo viéndola de reojo por los cristales de mi privado y comenta:

- Se están cumpliendo todas las profecías de Nostradamus!

El licenciado detiene sus ejercicios psicomotrices y le contesta con un sí, que parecía que hablaba más de: más vale que lo entregue mañana, no vaya a ser que los plazos, etc.

- Sí, fíjese que las muchachas ya andan con aretes en la panza... y los hombres... bueno el cabello largo y si hasta se pintan las uñas!

Será posible?

Después, más tarde, escuché que la recepcionista le decía a su compañero que contesta algunas peticiones ciudadanas, que había estado leyendo sobre un químico que tienen los envases de plástico que da cáncer... que está acabando con la humanidad!

Será posible?

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