lunes, 17 de diciembre de 2007

Más vale

Se llama Emanuel. Tiene 47 años, recién cumplidos, lo recuerda. Todos los días se despierta a la misma hora: 6:45 am. Toma su licuado de fresa, que mamá le prepara. Se rasura casi diario, salvo fines de semana que no se le antoja ni salir de la cama, pero tiene que salir, aunque a cualquier hora, a veces ya es de tarde, a veces bien temprano en la mañana y hay otras veces, aunque reconoce que es rarísimo, que sí se rasura, pero entre semana se rasura diario después de haberse despertado faltando 15 a las 7, busca debajo de la cama sus pantuflas azules, las acomoda, se talla un ojo, se soba el recuerdo del último sueño, tiende su cama.
A las 7:50 a.m. está fuera de la Dirección de Registro y Archivo Histórico mirando el reloj, las diez para las ocho. Se recarga en la pared del edificio y flexiona la pierna izquierda, mete las manos en la chamarra que le regaló su prima de un equipo de fútbol americano que él apoya cada que llegan al súper bowl. Pasan un par de minutos y él jugetea con la bolsa que cuelga de su mano derecha. Dentro de la bolsa hay un molde de plástico con fruta picada.
Hace un par de días le había hecho el comentario a su mamá, precisamente cuando se tomaba su licuado de fresa que siempre disfruta tanto y tan rápido porque no vaya a ser que llegue tarde... precisamente cuando tragaba el dulce rosa cremoso con mucha espuma y sin hielos había visto a su madre picando papaya. En un instante se puede revisar toda la vida, Emanuel estaba precisamente en ese instante. Un momento fulgurante. En cada momento, por la mañana se visualizó comiendo papaya picada. Papaya. Terminó el licuado y le dijo a su madre que ya se había cansado de la papaya, pero en realidad era lo predecible de su vida lo que le había cansado... no la papaya que le gustaba tanto.
La mamá tomó muy bien su comentario. Terminó de picar la papaya, la metió en un molde de plástico el que metió en una bolsa de plástico y se la entregó a su hijo. Mañana te pico manzanas, le dijo y después le dio la bendición como todas las mañanas.
Esta mañana, Emanuel está esperando que llegue alguien que traiga llaves de la Dirección. Piensa en el molde con fruta. Piensa en las manzanas. Piensa que su mamá se queda sola todo el día. Piensa que puede haber una fuga de gas. Piensa que su mamá moja mucho el trapeador y se puede resbalar. Piensa que no era necesario cambiar la papaya. Está un poco harto de la rutina. ¿Estará pensando que desea que su mamá muera? No puede ser. Él jamás pensaría en que su madre muriera. Y si el gas se fuga. Si se meten ladrones a la casa y la golpean y nadie de los vecinos se da cuenta. Piensa en las manzanas. Toda su vida había comido papaya. Se entristece Emanuel. En cuanto abran va a hablar a su madre nada más para estar seguro de que no ha muerto y llegandito a casa le digo que me dolió el estómago... ¿no será porque ahora no comí papaya?

1 comentario:

Negra dijo...

Me gustó el hombre del archivo histórico y me gustó también que visitaras mis "piensos". Seguro hemos estado en el mismo cine, yo recuerdo en Guadalajara haber ido al cineforo y no poder callar a un peladito que no paraba de toser... seguro eso fue...

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