martes, 28 de agosto de 2007
Legado.
No me guardes en la tierra
no servirá de nada,
ni todos los granos de arena
podrán ocultar mis faltas.
No me entregues al fuego,
no intentes extinguirme con llamas,
éstas quemarán mi cuerpo,
pero no evaporarán tus lágrimas.
Solo déjame,
abandona el cadáver,
deja que se ¡pudra el maldito recuerdo!,
deja que vuele el hedor, de aquél amor,
hoy descompuesto,
deja que los buitres hablen
y con sus palabras desgarren
lo que tu y yo construimos,
dejemos a los gusanos comerse,
hasta el cómo y en dónde nos conocimos.
Permite a tu memoria soñar el olvido,
sin beso de despedida mujer,
que contagio el sabor a vencido.
Quinez.
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