Líbreme Dios de discutir con abogados sobre cuestiones filosóficas o científicas.Para este linaje de polemistas pocas veces se trata de tener razón, sino de defender al cliente.Y el cliente llámase algunas veces Dios; otras el libre albedrío; otras la inmortalidad del espíritu; otras, en fin, el positivismo, el panteísmo, el espiritismo, el socialismo, etc. Ante estos modernos sofistas, todo polemista ingenuo quedará reducido al modesto papel de entrenador oratorio.
Santiago Ramón y Cajal
jueves, 2 de agosto de 2007
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